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26 de mayo de 2014

Colorín Colorado #1. Alberto Olmos.

Entrevista a Alberto Olmos (Segovia, 1975) con motivo de la edición de su último libro, “Alabanza” (Random House Mondadori, 2014), calificada, según ha dicho hasta la saciedad el propio autor, como su novela más madura hasta la fecha. Yendo más allá de las "preguntas solapadas", basadas exclusivamente en la información de la solapa, tan socorridas para la fauna periodística indocumentada, en esta entrevista preguntamos a Alberto Olmos por las implicaciones sociológicas, filosóficas y políticas de su narrativa, además de desvelar enigmas ocultos sobre el título del libro y las referencias librescas que aparecen en él, así como la eterna cuestión: ¿es Alabanza un libro de, para y sobre escritores? Las paradojas del posfeminismo, la identidad nominal de las cosas, el carácter mnemotécnico de las listas, el a-capitalismo rural que parece suscribir este novelista (¿de derechas o de izquierdas?) son unos cuantos detalles que salen y entran en esta larga hora de conversación. Disfruten.


Escucha el programa AQUÍ
En abierto hasta el 1 de junio.


El gesto de mesar una barba ajena, agravio notable en el Medievo, aparece en el Cantar del Mío Cid como sinónimo de insulto y desplante. Aquí se convierte -gracias a la imagen de Ingres que hemos elegido como frontispicio de este programa- en paradigma de mansedumbre penitente y genuflexa. Tetis impetra a Zeus el favor de Aquiles, según canta Homero, ciñéndole con una mano las rodillas y rozando el mentón con la otra. Nos interesa seleccionar este momento (una madre suplicando la salvación de su progenie) como ilustración de Colorín Colorado, un programa de entrevistas dizque intelectuales y sabihondas, donde unas veces será el entrevistador y otras el entrevistado quien tenga que hacer el papel de nereida. Sea como fuere, aquí se toca vello. El cuento se ha acabado.

21 de mayo de 2014

Comida para perros.

«(el columnismo: esa gran decepción, después de años de considerar, por puro romanticismo, que el articulista escribe contra algo, y en verdad escribe siempre a favor, particularmente de los lectores del medio donde le pagan, la descarada escritura complaciente de todo el espectro político; el columnismo, en definitiva, comida para perros)» (Alberto Olmos: #raudo 108 en Hikikomori).
Esta semana estuvo Owen Jones en España. A pesar de la cantidad de entrevistas que concedió y a pesar de lo imantado que parecía el auditorio del Círculo de Bellas Artes (CBA) ante su discurso, a pesar de o quizás gracias al —como suele decirse— «éxito de público y crítica» que tuvo, quienes tengan la manía y la suerte de pensar a la contra es posible que llegaran a pensar estos días algo similar a lo que yo rumiaba cuando Owen Jones, en lugar de prepararse una conferencia a la altura de la expectativa generada por Chavs (Capitán Swing, 2012), alguna especie de adelanto de su próximo libro sobre los media en Gran Bretaña, alguna demostración de su habilidades periodísticas, pensó o debió pensar que los madrileños estamos habituados a chuparnos ideológicamente el dedo, que nos den la razón como niños o tontos, pues el tipo vino con una mano por delante y otra por detrás a contarnos por enésima vez aquella historia de marionetas sobre el Post-War Consensus (en inglés mucho mejor) donde Margaret Thatcher es un lobo feroz de felpa o de trapo (la gente contiene la respiración cuando la mala se merienda a Caperucita Roja/Arthur Scargill) y nosotros (una primera persona del plural tan vaga, mayestática y políticamente correcta como los ideales del que oficiaba la función) hemos de desempeñar el papel del leñador/cazador que abate a la bestia neoliberal y colorín colorado, este cuento se ha acabado aunque nuestras hachas/escopetas políticas tengan tanta oxidación como el partido laborista que Ken Loach desprecia y Owen Jones defiende, pretende orientar desde su columna en el The Guardian, pues hasta entre tirititeros hay controversia sobre cómo sesgar mejor la historia y cada quien cuenta el siglo XX como Dios o Keynes le dio a entender, como demostraron las valiosísimas intervenciones de Belén Gopegui (aka Madame Fanon) y Gonzalo Velasco Arias (aka Marx Privatdozent), subrayando respectivamente los recursos coloniales y el factor burgués de aquella Arcadia perdida y ansiada que llaman en inglés Welfare State, pero ningún asistente del CBA —tampoco un servidor— enunció las cuitas que debían rumiar quienes suelen ver el vaso medio vacío, especialmente cuando todos dicen que está totalmente lleno, rebosante del mejor refresco jamás probado por paladar humano (una suerte de bálsamo de Fierabrás que promete cauterizar las heridas de la izquierda, haciendo las veces de laxante para todo aquél que no sea un Don Quijote de la política, cuando en puridad estamos hablando de una Coca-Cola Zero: refrescante y baja en calorías, cuya diferencia respecto de la Coca-Cola Light es puro merchandising, pues columnistas izquierdistas como Owen Jones somos todos), a saber: la recepción española de Owen Jones confirma las sospechas relativistas de Heródoto y plantea además una duda sobre el destino del nombre propio usado, pues si alguien puede ser socialdemócrata o troskista moderado del Canal de la Mancha para arriba y anticapitalista radicalísimo de los Pirineos para abajo —una confusión que se remonta a George Orwell— cómo no será posible que los calacios devoren a sus difuntos y los griegos los incineren, cómo no habrá distintos rituales funerarios, cuando la verdadera pregunta es cómo uno puede llamarse Owen Jones y hurtarse a la gramática del ornamento: abrir la boca para decir algo más que el idioma, el acento, el adorno.